Y supe amarte. Supe amarte estando sola.
...
Supe amarte a vos. Supe amarte aún cuando no creías en vos, o cuando ya nadie creía en tu ser, en tu esencia. Cuando ni aquellos amigos tuyos de las apuestas a las que acostumbraste las tardes de tus domingos, antes de los atroces lunes, hubiesen puesto a tu favor siquiera dos monedas.
Supe quererte aunque estabas caído. Aunque no querías salir de tu guarida. De tu habitación. Aunque perdí días en tu puerta más de una vez, esperando que me abrieses, y siempre era otro/a la que atendía, diciendo que no tenías ganas de nada.
Supe estar entera a tu lado, a tu disposición, en el silencio e incluso en la oscuridad, en aquellas ocasiones en las que no querías ni verte al espejo, ni escuchar tu voz, ni saber nada del mundo. Porque para mi eras todo... Y aunque te cayeras a pedazos y solo quisieras dormir para no ser conciente de nada, para mi eras el sol. Eras mi todo. Eras mi motivo de existencia.
Supe amarte... En mi cama sola, vacia de ti, fría. Entre mis sábanas acurrucada yo, anhelando tu espalda, o tus brazos rodeando mi cintura. Extrañando ese perfume tuyo, esa droga que emanás constantemente, esa voz grave que resonaba en tu pecho cuando yo apoyaba mi oído contra el mismo. Los latidos de tu corazón. Tu debilidad de simple mortal. Tu individualidad de mero hombre.
Supe soñar con vos durante largos meses de invierno aún en pleno verano. Supe abrazar con pasión desenfrenada fantasías con tu persona, y darte el título de ser el único que en todo el mundo podría llegar a tener tanto de mi. Tanto como mí misma.
Supe coronarte señor de todo mi universo, y defendí mi teoría heliocéntrica con ferocidad y hasta con violencia extrema (porque... mi sol eras vos. Lo dije. Te lo dije... pero ya no te acordás...).
Supe estar en todo. Supe volverme más amiga de tu madre que tu misma hermana. Y pasarme noches de infiernos en el vacio absoluto de tu cuarto de huéspedes. Sabiendo que, a tan solo unos centímetros de cemento, a tan solo pulgadas de cruel arena, cal, y ladrillos, vos respirabas del otro lado un aire viciado y cargado de sombras. Ese aire que yo misma hubiese querido respirar, incluso con tus mismos pulmones.
Supe ser tu amiga, y seguir amándote en silencio.
Pero un día... algo cambió. Algo fue distinto.
...
Cataclismo. Desolación. Pérdida de valores, de sentidos.
¿Cuál es mi lugar en éste mundo?...
Supe... ¿supe?... Si, no sé cómo pero supe, amarte, incluso, cuando vos empezaste a amarla a ella.
Y cuando ya no estabas disponible para mi. Menos de lo que lo estabas ya antes.
Supe sobrevivir... Cuando a veces los encontraba en la plaza, fumando yo, y uds. caminando de la mano.
Supe hacerme a un lado. Reducir mi presencia, mi imágen. Dejar de vestirme para vos. De arreglar mi cabello como tanto te gustaba. De pintarme los ojos cuando sabía que iba a estar ella. De ponerme rimel en las pestañas, para no opacar las suyas.
Supe dejar de usar ese perfume que te encantaba,... ¿Para qué? Si a vos te gustaba el de su cuerpo. Pero igual supe ser ubicada, y por amor, considerar aquello que vos querías.
No sé cómo fue el día que me enteré que ella estaba embarazada. Ese momento, esa semana, es solo un espacio negro y vacio en mi memoria. Pero sé, por lo que se cuenta, que estuve a tu lado cuando tuviste miedo.
...
Vos jamás te diste cuenta. Quiero creerlo. Porque nunca me diste una palabra de nada. Ni siquiera una mirada significativa.
Ya no sé cuánto hace. Viví tu casamiento, y también mi entierro. Viví tus problemas, tus alegrías. Tus tristezas, crísis, y desengaños.
Al final... todo pasó. Todos pasaron.
Menos yo.
Hoy estoy sentada en éste café. Éste antro que supo ser nuestro nexo. En donde tu mundo y el mío colisionaron por primera vez. En donde dos realidades, quizá némesis la una de la otra, supieron darse la mano, y conciliarse entregándose su amistad.
Y mientras me fumo el último cigarrillo que me queda, en medio de quién sabe dónde, solo hay algo que me cuestiono que nunca supe: Dejar de pensar en los dos... Cuando es claro, vos solamente pensaste siempre en vos mismo.
?/7/11
By A.H.
...
Supe amarte a vos. Supe amarte aún cuando no creías en vos, o cuando ya nadie creía en tu ser, en tu esencia. Cuando ni aquellos amigos tuyos de las apuestas a las que acostumbraste las tardes de tus domingos, antes de los atroces lunes, hubiesen puesto a tu favor siquiera dos monedas.
Supe quererte aunque estabas caído. Aunque no querías salir de tu guarida. De tu habitación. Aunque perdí días en tu puerta más de una vez, esperando que me abrieses, y siempre era otro/a la que atendía, diciendo que no tenías ganas de nada.
Supe estar entera a tu lado, a tu disposición, en el silencio e incluso en la oscuridad, en aquellas ocasiones en las que no querías ni verte al espejo, ni escuchar tu voz, ni saber nada del mundo. Porque para mi eras todo... Y aunque te cayeras a pedazos y solo quisieras dormir para no ser conciente de nada, para mi eras el sol. Eras mi todo. Eras mi motivo de existencia.
Supe amarte... En mi cama sola, vacia de ti, fría. Entre mis sábanas acurrucada yo, anhelando tu espalda, o tus brazos rodeando mi cintura. Extrañando ese perfume tuyo, esa droga que emanás constantemente, esa voz grave que resonaba en tu pecho cuando yo apoyaba mi oído contra el mismo. Los latidos de tu corazón. Tu debilidad de simple mortal. Tu individualidad de mero hombre.
Supe soñar con vos durante largos meses de invierno aún en pleno verano. Supe abrazar con pasión desenfrenada fantasías con tu persona, y darte el título de ser el único que en todo el mundo podría llegar a tener tanto de mi. Tanto como mí misma.
Supe coronarte señor de todo mi universo, y defendí mi teoría heliocéntrica con ferocidad y hasta con violencia extrema (porque... mi sol eras vos. Lo dije. Te lo dije... pero ya no te acordás...).
Supe estar en todo. Supe volverme más amiga de tu madre que tu misma hermana. Y pasarme noches de infiernos en el vacio absoluto de tu cuarto de huéspedes. Sabiendo que, a tan solo unos centímetros de cemento, a tan solo pulgadas de cruel arena, cal, y ladrillos, vos respirabas del otro lado un aire viciado y cargado de sombras. Ese aire que yo misma hubiese querido respirar, incluso con tus mismos pulmones.
Supe ser tu amiga, y seguir amándote en silencio.
Pero un día... algo cambió. Algo fue distinto.
...
Cataclismo. Desolación. Pérdida de valores, de sentidos.
¿Cuál es mi lugar en éste mundo?...
Supe... ¿supe?... Si, no sé cómo pero supe, amarte, incluso, cuando vos empezaste a amarla a ella.
Y cuando ya no estabas disponible para mi. Menos de lo que lo estabas ya antes.
Supe sobrevivir... Cuando a veces los encontraba en la plaza, fumando yo, y uds. caminando de la mano.
Supe hacerme a un lado. Reducir mi presencia, mi imágen. Dejar de vestirme para vos. De arreglar mi cabello como tanto te gustaba. De pintarme los ojos cuando sabía que iba a estar ella. De ponerme rimel en las pestañas, para no opacar las suyas.
Supe dejar de usar ese perfume que te encantaba,... ¿Para qué? Si a vos te gustaba el de su cuerpo. Pero igual supe ser ubicada, y por amor, considerar aquello que vos querías.
No sé cómo fue el día que me enteré que ella estaba embarazada. Ese momento, esa semana, es solo un espacio negro y vacio en mi memoria. Pero sé, por lo que se cuenta, que estuve a tu lado cuando tuviste miedo.
...
Vos jamás te diste cuenta. Quiero creerlo. Porque nunca me diste una palabra de nada. Ni siquiera una mirada significativa.
Ya no sé cuánto hace. Viví tu casamiento, y también mi entierro. Viví tus problemas, tus alegrías. Tus tristezas, crísis, y desengaños.
Al final... todo pasó. Todos pasaron.
Menos yo.
Hoy estoy sentada en éste café. Éste antro que supo ser nuestro nexo. En donde tu mundo y el mío colisionaron por primera vez. En donde dos realidades, quizá némesis la una de la otra, supieron darse la mano, y conciliarse entregándose su amistad.
Y mientras me fumo el último cigarrillo que me queda, en medio de quién sabe dónde, solo hay algo que me cuestiono que nunca supe: Dejar de pensar en los dos... Cuando es claro, vos solamente pensaste siempre en vos mismo.
?/7/11
By A.H.
No hay comentarios:
Publicar un comentario